La lógica de la interpretación

El encuentro entre un grupo de documentalistas, un artista plástico, un intérprete y el pueblo tzutujil trazan una serie de estampas interpretativas que son a su vez reflexión y homenaje a ese antiguo arte de conectar mundos y visiones. Proyecto de Julio Serrano Echeverría en la 21 Bienal de arte Paiz #MásAllá

La lógica de la interpretación Bienal from Agencia Ocote on Vimeo.

 

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El intérprete

Aquel que interpreta

agita sus brazos

como si las ramas de los árboles

le obedecieran,

y el mar embravecido,

y los huracanes,

y la briza de la mañana

fueran resultado

de su escuchar atento

para devolver

a ruego

la vida.

Le escuchan,

le hablan,

le visitan

para que luego lleve el mensaje,

la palabra,

la piedra sagrada envuelta en una tela

y que de nuevo

le escuchen,

le pregunten,

le anoten en una libreta improvisada

y muevan su cabeza afirmativamente,

interesados.

Aquel que interpreta

se mete en las casas a abrir los cajones,

en los sueños a confundir a los personajes;

los dioses,

el tiempo,

el horario en que los barcos salen

dependen de él

y él lo sabe,

y le gusta usar palabras grandilocuentes

para explicar por qué llega tarde,

y al llegar tarde

también le dice universo

y también tiene una historia para contarlo.

A lo mejor publica un libro,

a lo mejor lo invitan a una charla

y lo escuchen con atención

y con respeto,

a lo mejor coloquen al lado de su nombre

alguna de sus propias palabras

como una pequeña escultura de bolsillo.

 

 

 

La interpretación del universo

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En su ensayo ¿Qué es la vida? Erwin Schrödinger añade un epílogo en el que toma distancia de sus planteamientos científicos para dar parte a la subjetividad, escribe el premio Nobel:

“Como recompensa por las serias preocupaciones que me causó la exposición del aspecto puramente científico de nuestro problema sine ira et studio, pido ahora anuencia para agregar mi punto de vista propio, necesariamente subjetivo, de las deducciones filosóficas del mismo”.

El gesto no es menor, viniendo de uno de los grandes referentes de la física de partículas y entendiendo que el relato científico (sí, positivo y cartesiano) está lleno de ejemplos como este en los que los grandes narradores de la ciencia, se decantan por el motivo inicial de sus exploraciones, la curiosidad, el asombro.

Este secreto y natural motivo es, sin mayor protocolo, el mismo que mueve la exploración del artista, cercanos en ingenuidad y en soberbia, los científicos y los artistas vamos por el mundo jugando al tarot que nos compete. Ni uno ni otro estarían del todo de acuerdo con esta afirmación, pero en ambos casos, puedo imaginar, dudaríamos antes de refutarla.

A razón de la investigación y producción de mi primer largometraje documental, El envoltorio sagrado, me vi en una posición que puede resultar habitual en los procesos creativos, para contar una historia, una bella historia, la episteme de dos visiones del universo que conviven sin necesariamente conocerse se colocaron frente a mí. La visión occidental del universo y su maravilloso relato cósmico-científico, y la visión tzutujil de la vida y la creación, con su sentir pensar comunitario y próximo. El documental trata de ambas visiones y sus conexiones y distancias, pero también trata sobre cómo podríamos imaginar la ruta para encontarlas, y entender que, en varios sentidos, Mesoamérica es una región que rinde honor a su nomenclatura, estar en medio, y estar en medio implica intentar moverse con algún grado de libertad de un mundo a otro trayendo y dejando cosas, signos, imágenes, tener un cómplice acá y otro allá que te confíe un espacito para dejar recomendadas tus palabras.

Pensar la interpretación como una forma de complicidad fue la esencia de la producción del documental, no entendemos nada de lo que nos dicen en tzutujil y un cómplice intérprete nos trae, como puede, algunas de esas palabras. Tampoco entendemos del todo por qué la Nasa hizo lo que hizo, y en nuestra historia Carl Sagan y su equipo etiquetan mal dos fotografías, ambas relacionadas con Guatemala, y que viajan ahora a 23 mil millones de kilómetros de nosotros, y el intérprete trata de explicar eso hacia su mundo.

El planteamiento es, entonces, que el intérprete-cómplice conoce las intenciones secretas de quien está buscando en ambos mundos, conoce ambos mundos y, momentáneamente, se convierte en el ser más poderoso de un relato, aquel que más puede ver y que, aunque no conozca las respuestas, conoce la mayoría de las preguntas.